Y no es por falta de ingresos, sino por falta de visión. Ese es el centro del episodio “¿Estás pensando en tu retiro?” de Finanzas Para Todos de Fisherman (Spotify).
La mayoría de las personas trabaja durante décadas sin detenerse a responder una pregunta clave:
¿De qué voy a vivir cuando deje de trabajar? No es una pregunta filosófica ni motivacional. Es una pregunta financiera. Sin embargo, los datos muestran que la mayoría la pospone hasta que el margen de acción es mínimo.
Estudios internacionales confirman que solo alrededor de 1 de cada 10 personas ahorra o planifica su retiro de manera constante. El resto depende exclusivamente del sistema público, ahorra de forma esporádica o simplemente no ha construido ningún plan estructurado.
La planificación del retiro sigue siendo la excepción, no la norma
En América Latina, el problema es aún más evidente. Según el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), solo 45 de cada 100 trabajadores cotizan a un sistema de pensiones y muchas de esas contribuciones son irregulares o insuficientes para sostener un ingreso digno en la vejez. Esto significa que millones de personas están construyendo su vida financiera con una lógica puramente de corto plazo: salario, gastos, mes cerrado. El retiro queda fuera del radar hasta que ya no hay suficiente tiempo para corregir.
La consecuencia es clara: si no cambian estas tendencias, entre 63 y 83 millones de personas podrían llegar a la vejez sin ingresos adecuados solo en América Latina.
La brecha de género agrava el problema
Entre quienes sí planifican, los hombres son mayoría. Diversos estudios basados en encuestas de inclusión financiera muestran que las mujeres tienen menor probabilidad de contar con ahorro previsional, realizan menos aportaciones voluntarias y acumulan menores montos para el retiro.
Esta desventaja no es casual, responde a trayectorias laborales más interrumpidas, brechas salariales y una mayor carga de trabajo no remunerado. La OCDE confirma que esta realidad se traduce en una brecha de pensiones de entre 30% y 35% entre hombres y mujeres en varios países.
El problema no es el dinero, es la falta de claridad
Un dato lo explica con precisión, más del 75% de los trabajadores no sabe cuánto necesitará al mes durante su retiro, ni cuánto dinero lleva acumulado. Eso demuestra que el problema central no es cuánto se gana, sino no haber desarrollado una visión financiera de largo plazo. Sin números, sin horizonte y sin estructura, lo único que existe es esperanza.
Tres preguntas que definen si existe realmente un plan
Un plan de retiro no empieza con productos financieros, sino con claridad. Toda persona debería poder responder hoy:
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¿De qué voy a vivir cuando deje de trabajar?
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¿Cuánto voy a necesitar al mes para sostener mi estilo de vida?
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¿Durante cuántos años necesito que ese dinero dure?
Si no hay respuestas claras, no hay plan. Solo una suposición optimista.
El retiro es una provisión, no un sueño
Las investigaciones muestran que las personas que logran retirarse con estabilidad suelen ahorrar de forma sistemática entre 10% y 15% de sus ingresos, no cuando “les sobra”, sino como una decisión estratégica y sostenida en el tiempo.
El dinero no resuelve todos los desafíos del retiro, pero sí determina las opciones disponibles: cuándo trabajar, cómo vivir y cuánta autonomía conservar.
El retiro va a llegar para todos. La diferencia está en si llega con improvisación o con estrategia.
Si este tema te resulta relevante, quizás sea un buen momento para evaluar si tu estructura financiera actual responde a una visión patrimonial de largo plazo o solo resuelve el corto plazo. En Fisherman acompañamos a las personas en ese proceso.


